Gula - Templanza
La gula se representa en este proyecto como un deseo que desborda el cuerpo y lo domina. El modelo se inclina hacia la comida con ansia, los gestos son urgentes, la mirada se fija en el objeto del deseo como si no existiera nada más. No se trata sólo de alimentarse, sino de un impulso que busca llenar un vacío interior a través del exceso. La iluminación cálida y baja, junto a un entorno algo caótico, refuerzan esa atmósfera de impulso incontrolado, donde todo se vuelve consumo.
En contraposición, la templanza se expresa como una forma de armonía y dominio sereno del deseo. El cuerpo se muestra erguido, presente, las manos sostienen un alimento con cuidado, los gestos son pausados. Hay una conciencia del acto, una gratitud silenciosa que reemplaza la urgencia. Los colores se vuelven suaves, el espacio se ordena y la luz, más clara y uniforme, acompaña ese equilibrio entre necesidad y moderación.
La narrativa visual entre gula y templanza no busca oponer placer y represión, sino mostrar el contraste entre el exceso que esclaviza y la moderación que libera. El mismo objeto —una copa, un pan, una fruta— cambia de significado según cómo se toma: con avidez o con mesura, desde el vacío o desde la conciencia. La transición es casi coreográfica: se detiene el gesto, se toma aliento, y el cuerpo recupera el control sobre sí mismo.
Así, las imágenes no condenan el deseo, pero invitan a preguntarse cuándo deja de ser deseo para convertirse en dependencia. La gula aparece como una forma de olvido de uno mismo, mientras que la templanza se presenta como la conquista de una libertad interior. En un mundo saturado de estímulos, elegir la mesura es un acto de resistencia. Y también, quizás, una forma de belleza.